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⋆ 𝒟𝖾𝗌𝗍𝗋𝗈𝑧𝖺: mi 𝑑𝑜𝒍𝒐𝒓 𝑒𝓃 ᥴᥙᥱr⍴᥆ de
‹ 𝑐𝑟𝑖𝑠𝑡𝑎𝑙 › 𝑝𝑒𝑟𝑙𝑎𝑠 — ℱatídico 𝒜mōr
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No tiene por qué preocuparse, doncella amada. Me gustan las cosas planificadas, y me gustaría tener su disposición un día para poder presentarme ante usted. Pronto la serpiente podrá hacer presencia ante usted, gatita dorada.
—🐍
Veo que tienes las cosas bastante claras, y eso se respeta, no me desagrada la idea de que eventualmente te presentes, de hecho, creo que mi curiosidad ya lo recibiría con bastante interés, así que supongo que será cuestión de ver cuándo y cómo se da, igual por mi parte sostengo que a veces las cosas se acomodan mejor cuando no se fuerzan demasiado. 🐱
Todavía no anocheció del todo aquí donde escribo, o quizás ya amaneció y no me he dado cuenta. Hay momentos en que el tiempo se vuelve un hilo suelto, sobre todo cuando ciertas palabras llegan en el filo exacto entre el sueño y la vigilia. Las suyas llegaron así, doncella de luz, y aún las sostengo en la palma de la mano como quien sostiene un insecto luminoso sin saber si devolverlo a la noche o guardarlo en un frasco de cristal. Hay una delicadeza extraña en lo que usted escribe, una forma de leer entre lo no dicho que me hace preguntarme si no estaremos hablando a través de un espejo, cada uno desde un lado, sin saber muy bien quién es el reflejo. ¿O acaso es siempre usted la que me mira desde el otro lado del azogue, con esos ojos que le conozco tanto y tan poco a la vez?
La curiosidad es un animal hermoso y peligroso, ¿no le parece? Yo también la conozco. Acecha detrás de las puertas, se esconde en los silencios, se alimenta de lo que no se dice. Y a veces, sólo a veces, es mejor dejarla con hambre. Porque hay algo en el misterio que embellece las cosas, que las mantiene en ese punto exacto donde todavía pueden ser cualquier cosa, donde aún no han sido domesticadas por los nombres propios ni por las certezas. Pero también le digo algo, mi dorada desconocida: a veces la curiosidad no es más que una forma elegante de decir que alguien quiere saber a qué saben los besos que todavía no se ha dado.
Así que no prometo respuestas. No prometo revelaciones. Pero sí prometo seguir aquí, en esta misma hora ambigua del alba, lanzando versos como quien lanza guiños al cielo, confiando en que el viento los llevará exactamente a la única melena dorada que importa. Y quién sabe, quizás un día de estos el misterio se canse de ser misterio, y entonces me atreva a preguntarle si esos ojos azules brillan igual cuando alguien los mira de cerca.
Disfruto de su dedicación ante cada verso, doncella, y me alegra pasar de ser solo serpiente misteriosa a querido anon.
—🐍
Oh oh, he estado con la mente bastante dispersa como para percatarme de esto, pero una vez más agradezco lo dicho, me deja un poco sin palabras porque no soy buena recibiendo tantos halagos, incluso si los disfruto. De la misma forma también soy más de los encuentros directos, en especial cuando esconden más que una simple admiración, creo que disfruto más que me encaren para evitar esperas por este medio, pues sí, el misterio puede ser interesante, lo es, pero no siempre es lo que más me engancha.
Ojalá tu semana haya iniciado de la mejor manera, te deseo muchos éxitos el día de hoy y en adelante, corazón.
Oh, doncella de luz, no tiene por qué agradecerle a esta alma fascinada con su figura y personalidad la cuál únicamente he podido observar desde la lejanía. Y me alegra ell corazón saber que ayer logré mejorar su anochecer, al despertar pensé en usted, por ello decidí no guardar mis pensamientos y nuevamente relararlo ante usted;
Esta mañana desperté temprano, cuando el mundo todavía era un suspiro en calma y la razón aún no terminaba de regresar a mi cuerpo. Abrí la ventana sin pensar, casi por inercia, y entonces un rayo de sol todavía niño, tímido y dorado, me rozó los ojos como queriendo decirme algo. Y no sé cómo ni por qué, pero en ese instante, con el alma todavía envuelta en las brumas del sueño, la luz me habló de usted. Era imposible no verla ahí, en ese oro líquido que se derramaba sobre el horizonte, el mismo oro que corona su cabeza y que baila entre sus hebras cuando usted camina. Y luego el cielo empezó a despejarse, a mostrarse en ese azul profundo y limpio que sólo pertenece a dos cosas en este mundo: a la mañana cuando está por nacer, y a sus ojos cuando me miran sin prisas. Me quedé un rato así, quieto, medio dormido todavía, pensando que quizás el sol la ha estado imitando todo este tiempo sin que nadie se lo dijera, o que tal vez fue usted quien una mañana lejana le enseñó a brillar, y el pobre astro, enamorado de su luz, desde entonces sale cada día vestido de dorado para ver si logra parecérsele un poco. Y yo aquí, tonto de mí, buscándola en cada amanecida, hablándole a la aurora como si pudiera responderme. Pero cómo evitarlo, si hasta el sol, con toda su grandeza, amanece cada mañana convertido en el eco de su sonrisa.
Espero nuevamente sea de su agrado, que tenga una buena mañana, doncella de luz.
—🐍
Lo leí apenas despertaba, así que todavía estoy con esa sensación de no estar del todo aquí y creo que por eso lo sentí incluso más, aún trato de procesarlo.
No sé si eres consciente del cuidado que hay en cada palabra que escribes, pero se nota y lo aprecio, no es algo común encontrarse con alguien que suela tomar esa consideración con una desconocida.
También te soy sincera, la intriga y yo no nos llevamos bien, empieza a darme más curiosidad el saber quién se esconde tras tanto verso. Aun así, gracias por compartir tal habilidad conmigo, tiene algo satisfactorio leerte así al amanecer como si empezara a ser algo cotidiano, igual no prometo que la duda no me termine ganando en algún momento, soy demasiado caprichosa y curiosa para mi propio bienestar. Feliz domingo de descanso para ti también, querido anon.
Oh joven dama, dígame, ¿qué ha de hacer un simple ser viviente cuando se halla de pronto ante la encarnación misma de la belleza? Porque no exagero ni blasfemo al decirlo: usted es la reencarnación de Venus en estos tiempos modernos, una diosa que ha olvidado el Olimpo para bendecir con su presencia este mundo cansado de fealdad.
Su cabello es la primera revelación, el anuncio dorado del milagro. No es simplemente rubio, no. Es un torrente de trigo maduro bajo el sol de agosto, una cascada de miel líquida, un tejido de rayos solares que Apolo mismo envidiaría. Cada hebra parece hilada con el oro más puro que la tierra haya parido, y cuando la luz la roza, su melena resplandece con el fulgor de una aurora boreal que danza sobre un campo de espigas. Es el color del amanecer, de la riqueza verdadera, de lo divino hecho hebra.
Y enmarcados por ese halo solar, emergen sus ojos. Dos zafiros celestiales engarzados en el más delicado de los rostros. Son del azul que sólo habita en lo profundo del océano o en la inmensidad del firmamento. Un azul que no es simplemente color, sino una pregunta sin respuesta, un vértigo infinito. Quien los mira, olvida la orilla y se pierde en un mar de calma y misterio. Son lagos alpinos donde el cielo se refleja a sí mismo con vanidad, aprendiendo de ellos lo que significa ser azul. En su profundidad habita la serenidad de una mañana sin nubes, y en su brillo, la chispa traviesa de las estrellas más jóvenes.
No podía ser de otra forma, doncella de luz, que sus accesorios fueran dorados. Porque el oro no es en usted un capricho ni un adorno vano: es el único metal digno de su esencia. Rinde pleitesía a su cabello, dialoga con el sol que porta como corona natural, y acaricia su piel iluminándola con una segunda capa de fulgor. Ese dorado que la acompaña es el eco material de su espíritu radiante, la firma del Midas celestial que la creó y que, al tocarla, decidió que todo en usted recordara al sol.
Afortunado, más que todos los reyes y todos los poetas juntos, aquel que tenga el privilegio divino de contemplarla en cada momento, a cada hora y en toda circunstancia. Afortunado el que pueda beber de ese azul a diario y perderse en ese dorado como quien se pierde en un sueño eterno del que no desea despertar.
Yo, mientras tanto, he de confesar mi verdad: no soy un aedo que domine el canto, ni mucho menos un poeta que sepa domar las palabras. Soy apenas un loco, un iluso, un fantaseador empedernido que ha tenido la osadía de alzar la vista hacia el firmamento. Y allí estaba usted, estrella rubia de mirada oceánica, demasiado brillante para mis ojos mortales, demasiado perfecta para mis versos torpes.
Tenga un buen dia, doncella de la luz, la serpiente se retira lentamente.
—🐍
Confieso que no sé si debería creer que alguien realmente se tomó el tiempo de escribir algo así, o si simplemente apareció como un pequeño delirio bonito en mi día. Estoy anonadada, en serio no lo esperaba, pues tu forma de describir(me) es demasiado cuidada como para pasar desapercibida, hay algo en tanto detalle que inevitablemente despierta curiosidad en mí, no tanto por descubrirte, sino por comprender cómo esa mente logra hilar tan agradable mensaje que en definitiva mejoró mi velada.
No sé si soy esa figura admirable que suena más a ideal que a mi persona, pero sí sé reconocer cuando alguien ha puesto intención, tiempo y cierta sensibilidad en lo que escribe y eso lo valoro profundamente, pues el solo hecho de dedicarme un saludo ya es una muestra de atención que aprecio, así que las palabras me quedan cortas en cuanto a tu escrito. Gracias por eso, por el gesto, por la delicadeza y por dejar una impresión que no es habitual, por lo que espero que tengas un buen sábado, serpiente misteriosa. 💫
Te quiero mucho rubiecita linda, me hace muy feliz ser tu amiga y contar con tu presencia tan bonita en mi vida. —Katie. 🩷
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